Sam Francis

Untitled, 1984

106.7 X 73 inch

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Cuadros de tablero de ajedrez, esculturas y cuadrados: La odisea del arte óptico de Bridget Riley

Checkerboard Sensations, Sculptures and Squares: the Op Art Odyssey of Bridget Riley

By Andrew Bay, UK


Los lienzos de Bridget Riley, una combinación de líneas inmaculadas, una gama de colores pulcra y secuencias geométricas elegantes, ayudaron a iniciar los efectos visuales sofisticados del arte óptico en la década de 1960. En sus obras aparecen la claridad intricada y atractiva de sus cuadros, cortes en superficies rasgadas y estados visuales a la deriva. Sus composiciones parecen estar repletas de sucesos ópticos, creadas con la precisión más absoluta para que el espectador experimente, al mismo tiempo, confort y desavenencia, de un momento a otro.

Riley nació en Londres en 1931, de padre militar, con éxito en el negocio de la imprenta, y de madre cuyo padre fue ingeniero eléctrico. Durante la II Guerra mundial vivió con su madre y su hermana pequeña Sally en Cornwall; su padre se enlistó en el ejército británico.

Completó su educación en Londres en el Goldsmiths College y en el Royal College of Art en 1955. Unos años después, Riley comenzó a explorar los bloques de colores y las florituras, que emergieron de las técnicas puntillistas de George Seurat, de finales del siglo XIX. También comenzó a experimentar con collages y cuadros de rayas impresionistas, en un intento por recrear el surgimiento del movimiento y la oscilación en sus paisajes. Durante estos pasos preliminares hacia el éxito en el mundo del arte, Riley trabajó como profesora de arte y, más adelante, en varias agencias de publicidad de Londres.

Poco a poco, su estilo fue madurando a través de su próspero análisis de las posibilidades y singularidades energéticas de los diseños que se pueden crear a partir de las experiencias visuales. Fall, pintado en 1963, fue un antecedente de lo que después sería el arte óptico, junto con las obras de Victor Vasarely, Yaacov Agam y Richard Anuszkiewicz. Este cuadro se caracteriza por su impacto sensorial e inquietante en la percepción del espectador: los tonos y matices en blanco y negro se entremezclan con pendientes, que se elevan contra rayas degradadas, como gesto de aprobación a los lienzos escarpados de Seurat. Dominance Portfolio, terminado en 1977, es un ejemplo del proceso y el enfoque metódico de Riley. La obra comienza con un tema extraído de la naturaleza y luego se aleja con cautela de esta premisa, hasta que surge un planteamiento opuesto: los rasgos formales y las marcas empiezan a señalar las propiedades del volumen, el ritmo y el diseño, que se ponen a prueba como los principales agentes pictóricos a través de los cuales se ensaya todo el experimento. En su serie Ra, Riley traza líneas con el fin de explorar los movimientos inherentes a círculos, rectángulos y cuadrados. Las curvas se tuercen y contorsionan, como el arqueamiento de un cuerpo, retorcido en diferentes posiciones y posturas. Junto con Seurat, Matisse fue siempre una inspiración fundamental para Riley. Su capacidad para dibujar líneas claras que pudieran al mismo tiempo cercar la lógica del volumen y la abstracción geométrica nunca dejó de fascinarla, y es la base de las incursiones pioneras de Riley en el arte óptico.
Las obras que ha producido a lo largo de siete décadas nunca han dejado de cautivar a su público. El espectador disfruta de la pura satisfacción visual que se deriva de las obras abstractas de Riley y de su perdurable vitalidad estética. Desde principios de la década de 1970, Riley alterna obras de gran formato en blanco y negro y en color, con lo que amplía las perspectivas conceptuales y visuales de su obra. Se ha mantenido fiel al espíritu de sus años de formación, durante los cuales visualizó el lenguaje del movimiento del arte óptico. Sigue empeñada en crear una distancia objetiva que permita al espectador ver la obra de arte desde una perspectiva mucho mejor. Al romper las normas y los límites con los que experimentamos visualmente sus cuadros, Riley nos permite acercarnos más a su obra. Así, somos libres de explorar cada diagonal, cada disposición, cada curva. Cada vistazo es diferente, lo que provoca un movimiento sin fin, la base de una conversación duradera y sin fisuras.

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